Involución a la carrera

Involución a la carrera

Por Paco Delgado
Si bien la comunidad científica acaba de certificar que el animal más peligroso para el hombre es el… mosquito, transmisor de muchas enfermedades y males, sigo pensando que el ser más letal para el hombre, como ya pusiera de manifiesto Hobbes en el siglo XVII, continúa siendo… el hombre. Y, ojo, que esta afirmación no es sino adaptación de la locución latina “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit”, escrita por Plauto -dos siglos antes de Cristo, o sea, ayer como quien dice- en su obra Asinaria, Comedia de los asnos, en la que se hace referencia a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Y si el clásico griego escribió eso hace más de veintiún siglos, y el filósofo inglés lo recordó hace cuatrocientos años, parece mentira que en el momento actual todavía se tenga como principal objetivo el perjudicar a nuestros semejantes.

El hombre sigue siendo el principal enemigo de sí mismo a través de las acciones que acomete para dañar a los demás. A quien tiene intereses contrapuestos, al forastero o a quien no piensa igual.

Y lo vemos, perplejos e impotentes -entre otros muchos ejemplos, eh-, cuando hay gente que se dedica a perder el tiempo insultando y deseando los peores daños a quien tiene gustos diferentes. Ahí está, en las famosas redes sociales, la caterva de porquería que se ha volcado sobre el infortunado Fandiño, que ha dejado su vida en pos de un sueño, tras una ilusión. ¿Cabe algo más hermoso? Pues para tantos y tantos desalmados, su esfuerzo y hasta su sacrificio último sólo merecen insultos y el mayor de los desprecios. Parece increíble.

E increíble -pero bien cierto- sigue siendo que nadie tenga a bien frenar a esa manada de energúmenos, disfrazados de falsos ecologistas, animalistas de pega o demócratas impostados, que atacan con ferocidad y virulencia que dan miedo a la fiesta nacional -sí, dejémonos de hipocresía y corrección política y llamemos a las cosas por su nombre-, a una de nuestras más claras señas de identidad, a una de las más potentes manifestaciones de nuestra cultura, a un espectáculo legalmente establecido, al que no sólo se vilipendia y ofende sino que se combate como si la salvación de la especie fuese en ello. Y nuestra clase política como si no pasase nada. O, peor, intentando que no se le relacione con nada de esto, procurando que no le salpique ni una gota de este charco que ellos contribuyen a que siga maloliente e infecto. Inaudito.

Pero así están las cosas. A diario vemos, y soportamos, manifestaciones y esperpentos a las puertas de las plazas; se desprecia hasta desear la muerte no sólo a los profesionales, incluso hasta después de haber dado su vida por su profesión, sino a los aficionados, que acuden tranquilamente a disfrutar de su afición. Perturbados, desnortados y confundidos -¿o mercenarios descreídos?- irrumpen impunemente en los ruedos e interrumpen y estropean festejos. Y nadie ni nada lo impide. Y, pese a la gran aceptación y arraigo que tiene lo taurino en nuestra tierra -y fuera de ella, ojo- no hay autoridad, ni política ni civil, que nos ampare. Sólo tímidas promesas que bien saben que nunca llevarán a la práctica. ¿Por qué?

Lo que está claro es que nuestra sociedad está enferma y no son los aficionados a los toros los que padecen mal alguno -al menos por eso-, sin que haya, al aparecer, remedio para sus males. No hemos sido capaces, en más de dos mil años, de evitar que que el hombre sea el principal enemigo del hombre. No evolucionamos. Para nada. Al contrario.

 

1 Comment

  1. El enemigo del hombre, siempre es otro hombre y ese citado enemigo, siempre quiere, de alguna manera, la destrucción del otro.
    Motivos hay miles y por eso, los que somos amigos del “borrico”, cada vez lo somos más, porque a esos, echándoles paja y algo de pienso mezclado los tenemos contentos y no nos dan coces, aunque dentro de la raza “HOMBRES”, también hay muchos, que con algo de pienso mezclado con “pajilla”,también se quedan contentos y se dominan.
    ¿CUALES SON MÁS BURROS?

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