Recargando en varas

Recargando en varas

Paco Delgado

Que el primer tercio de la lidia es fundamental es algo palmario y decisivo para el resto de la lidia. También debería serlo para su futuro, como lo fue en sus orígenes. En la Tauromaquia de Pepe Hillo, editada en Cádiz en 1796, se detalla perfectamente la forma de picar y todo lo inherente a la suerte de varas, conocimiento de los picadores de los diversos tipos de toros y de sus querencias, etc. En la página 35 de dicha Tauromaquia, se dice: “y luego que este parte (el toro), y llega a jurisdicción, le pone la garrocha en el cerviguillo…”, aclarando que el cerviguillo es lo que llamamos morrillo, que es la región carnosa muscular que se encuentra entre la nuca y la cruz, y ocupa en toda su longitud el borde superior del cuello o cerviz, de donde procede su denominación como cerviguillo.

Actualmente no son pocos los picadores que consideran que no se puede picar en el centro del morrillo, porque la puya no entra, ya que según ellos, el toro en esa zona tiene un paquete de músculos muy compacto que dificultan enormemente la entrada de la vara. Les parece correcto situar el puyazo justo donde termina el morrillo.

Durante los últimos tiempos se ha venido aplicando el puyazo a la res en lugares cada vez más traseros, unas veces por impericia del picador y otras por desconocer estos el lugar exacto en que se debe picar. Actualmente, tras el deterioro continuado de la suerte de varas, es comúnmente aceptado que los toros deben picarse en el sitio llamado la cruz, y ya quedan pocos picadores antiguos que puedan aleccionar a los noveles sobre los destrozos que se producen en el aparato locomotor del toro cuando se pica en dicho lugar. Por ello es por lo que hay que recuperar la calidad perdida en la ejecución de esta tan importante parte de la lidia, y es lógico pensar que sólo se podrá lograr ese objetivo si se forma a los picadores para poder realizar esa suerte de manera correcta.

Según un estudio realizado por los catedráticos de la Universidad de Córdoba Barahona Hernández, Cuesta López y Montero Agüera, el puyazo en el morrillo es lo ideal, porque interesa el borde dorsal del cuello en su porción caudal, un poco anterior a su unión con la cruz, que corresponde al nivel de la cuarta a la sexta vértebras cervicales, y que lesiona los músculos extensores responsables de los movimientos de la cabeza, consecuentemente de la cornamenta, logrando así ahormar la cabeza en sus movimientos para el tercio de muleta. La puya en la cruz lesiona los siguientes músculos: el trapecio en su porción torácica; el romboideo torácico; espinal y semiespinal del tórax y cuello; el multífido del tórax y el ligamento de la nuca en su porción ancha, afectando a la irrigación sanguínea de las arterias intercostales, en tanto que los puyazos traseros son los que se colocan en la región del dorso. Son criminales pues solamente lesionan músculos relacionados con el raquis y más profundamente las costillas pueden ser también dañadas. El puyazo trasero es inadecuado, no regulariza el acornear ni debilita su empuje, más bien dificulta la locomoción. Al mismo tiempo la fuerza del cuerno desarrollada en el empuje queda relegada contra el peto y el caballo, por lo que su efecto es irregular, casual e incierto.

Resumiendo, a tenor del citado trabajo: los puyazos más adecuados, anatómica y funcionalmente, son los colocados en el morrillo; los que más deterioran la locomoción son los colocados, de más a menos: en la paletilla, los caídos y en la cruz; los traseros perjudican las condiciones físicas del animal produciendo evidente dolor en la región dorso lumbar y disminución del impulso del toro. Y en base a todo lo expuesto, aconsejaban que convendría legislar la aplicación correcta de la puya en el morrillo, y acortar la longitud de ésta para que las heridas no sean tan profundas.

Pues alguien debería tomar cartas en el asunto…

 

 

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